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A 10 años de la masacre de 72 migrantes en Tamaulipas, no hay una sola sentencia

Por Perla Reséndez | El Financiero

agosto 25, 2020 | 5:00 am



El miedo persiste entre pobladores de la zona donde los 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos, fueron ejecutados por los Zetas el 22 y el 23 de agosto de 2010.

A diez años de la masacre de los 72 migrantes en una bodega del rancho El Huizache, en el ejido 6 de enero, en San Fernando, Tamaulipas, no hay una sola sentencia en contra de los detenidos.

Los 22 kilómetros de la brecha 90 que la noche del 22 y madrugada del 23 de agosto del 2010 recorrió Luis Freddy Lala Pomavilla, migrante ecuatoriano de 18 años que logró sobrevivir y puso al descubierto el horror que sufrieron los migrantes a manos de los Zetas, se mantienen igual, casi olvidada.

A un costado del camino se encuentra la bodega, donde fueron masacrados 58 hombres y 14 mujeres; 24 eran hondureños, 14 salvadoreños, 13 guatemaltecos, cinco ecuatorianos, tres brasileños y un ciudadano indio.

La bodega donde asesinaron a 72 migrantes luce abandonada. Fotos Perla Reséndez.

Llena de maleza, sólo se observa al final de la misma, una gran cruz con 72 crucifijos, colocada allí hace dos años por activistas e integrantes de la Casa del Migrante de Saltillo, en honor a los migrantes que, en ese lugar, fueron maniatados y a quienes Los Zetas, luego de golpearlos, les dispararon por la espalda y después les dieron el tiro de gracia.

A este lugar, nadie se acerca, sólo lo transitan la brecha. Algunos agricultores, luego de años, se han animado a volver a sembrar algo de sorgo, pero el miedo entre los ciudadanos de este municipio, ubicado a 184 kilómetros de la capital del estado, es latente.

Los secuestros continúan: recientemente un niño de 15 años, Luciano Leal Garza, fue citado con engaños en un parque lineal y de ese lugar se lo llevaron sujetos armados, que exigieron en dos ocasiones el pago de un rescate de cuatro millones y medio de pesos y no regresaron al menor.

En la plaza principal del pueblo se encuentra un memorial para la activista Miriam Rodríguez, quien fue asesinada el 10 de mayo del 2017, luego de encabezar una búsqueda para dar con su hija Karen Alejandra de 16 años, quien fue secuestrada en 2012.

Ella misma encontró los restos de su hija en una fosa clandestina, dos años después, y no se detuvo en su búsqueda de justicia y ella misma localizó a los responsables del secuestro y asesinato de su hija, convirtiéndose en ícono de los familiares de desaparecidos en ese municipio.

A 10 años de la masacre de los 72 migrantes, nueve de los cuerpos no han sido identificados. Hay familias que no tienen la certeza de que en el ataúd que les entregaron las autoridades estén sus hijos, hijas, hermanos, padres, que ese 22 de agosto del 2010 fueron masacrados por Los Zetas en esa bodega de San Fernando, donde hoy no hay ceremonias para recordar o reclamar justicia.

Este texto es publicado por e Border Hub con autorización de Perla Reséndez, corresponsal de El Financiero. Aquí la versión original.

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